el ser humano como valor central

Igualdad
de
oportunidades

Diversidad personal
y social
Libertad
de ideas
y creencias
Actividades
de
voluntariado
Justicia, solidaridad
y cooperación
Reciprocidad, apoyo y ayuda mutua

 

Sobre el diálogo entre culturas

El fracaso del actual sistema social y de sus valores, hoy se hace más evidente que nunca. Nihilista en sus raíces y ciego en su proceso, se dirige velozmente hacia su propio colapso. En esa loca carrera va engullendo recursos naturales y economías productivas, empobreciendo regiones enteras y ahondando la brecha de la injusticia social y las desigualdades. Por otro lado, el aislamiento y la incomunicación, como constantes vitales de un tejido social cada día más fragmentado, favorecen una atmósfera de promesas hueras hacia ese otro mundo tan ansiado y necesario. Es ingenuo e irresponsable esperar respuestas coherentes de quienes, sin apartar la mirada de su anhelo enfermizo de poder, hablan de progreso y bienestar para todos. Y esta situación es global, lo abarca todo y llega hasta los puntos más alejados del planeta.

Esas son las condiciones en los que la humanidad se dirige hacia la primera cultura planetaria.

Frente a la mundialización y los conflictos migratorios, el siglo XX se quedó en la tolerancia y en la contención. Es claro que estos desafíos aún se miran con los ojos cansados de un siglo que acabó desbordado por las primeras muestras del mayor cambio de escenario en la historia humana.

En este punto nos encontramos: siendo protagonistas de la primera civilización planetaria, pero escuchando aún los ecos de una pequeña cultura materialista que se resiste a echarse a un lado.

Como humanistas, que consideramos al ser humano como valor central y rechazamos todo tipo de violencia, denunciamos la descarada discriminación en aumento y nos unimos a todas las voces de denuncia frente a la violencia inmigratoria, los intentos de deportaciones y rechazos de quienes llegan y las condiciones en los centros de reclusión.

Pero atendiendo a las raíces de esta situación, denunciamos enérgicamente la concentración de poder y dinero en manos de unos pocos a costa del trabajo en condiciones indignas de inmigrantes, jóvenes y obreros. Es precisamente este modelo economicista, violento e inhumano que busca chivos expiatorios para continuar su enriquecimiento.

Los conflictos se perpetúan gracias a la fragmentación social. Vivimos en una época en que las relaciones se van tornando cada vez más crueles, en que cada cual se desentiende del otro pretendiendo proteger sus intereses, dejando a las mayorías a merced de la rapiña financiera de unos pocos. Frente a esto, reivindicamos la necesidad de apoyar al otro, de sentirnos parte de un colectivo humano, donde coincidimos con necesidades e intereses. Finalmente, la falta de esclarecimiento nos convierte a los ciudadanos en cómplices de la situación al no saber cómo cambiarla.

Los acontecimientos presentes y los que vendrán, nos colocan a todos en situación de elegir: o seguimos depositando nuestra esperanza en este mundo que se acaba, o por coherencia nos avocamos a la construcción de un mundo acorde con nuestras mejores aspiraciones. Hablamos de construcción, construir para todos, en oposición al interés monopolista actual. Con la mirada y la acción puestas en lo nuevo, podremos entender y superar las pequeñas diferencias que nos separan del otro, muchas veces convertidas en conflictos cuando se persigue únicamente el beneficio personal o grupal. Es en esta tarea de construir el futuro que queremos, que el diálogo entre personas y culturas se siente como imprescindible, un dialogo que necesita de los mejores aportes y experiencias que los distintos pueblos han acumulado en su larga historia.

 

El ser humano como especie se está preparando para dar un gran salto, un salto a lo más profundo del universo y de sí mismo. Las gentes sensibles y optimistas con el porvenir, miramos estos acontecimientos como pasos necesarios para crear la condición de ese nuevo ser humano y advertimos que las situaciones que hoy vivimos son fenómenos que habilitarán el futuro lejano y completarán este nuevo milenio que ya ha comenzado.

La tarea del Centro Humanista de las Culturas es influir para que:

•  En lugar de una creciente desconfianza y violencia entre las culturas, prevalezca el diálogo y el respeto mutuo.

•  En lugar de homogeneización haya diversidad convergente.

•  En lugar de fragmentación, vayamos hacia la construcción de una nueva civilización donde lo más importante sea el ser humano.

Comisión Ideológica
Centro de las Culturas
Abril 2008

 

Inicio

Documentos

Asociaciones

Actividades

Noticias

Agenda

Hazte Socio

Contacta

Prensa

Enlaces


Castellano

Català

Euskara

Galego

Correo Web