el ser humano como valor central

Igualdad
de
oportunidades

Diversidad personal
y social
Libertad
de ideas
y creencias
Actividades
de
voluntariado
Justicia, solidaridad
y cooperación
Reciprocidad, apoyo y ayuda mutua

 

El Humanismo Universalista

“El Humanismo Universalista, también llamado Nuevo Humanismo, se caracteriza por destacar la actitud humanista. Dicha actitud no es una filosofía sino una perspectiva, una sensibilidad y un modo de vivir la relación con los otros seres humanos. El humanismo universalista sostiene que en todas las culturas, en su mejor momento de creatividad, la actitud humanista impregna el ambiente social. Así, se repudia la discriminación, las guerras y, en general, la violencia. La libertad de ideas y creencias toma fuerte impulso, lo que incentiva, a su vez, la investigación y la creatividad en ciencia, arte y otras expresiones sociales. En todo caso, el humanismo universalista propone un diálogo no abstracto ni institucional entre culturas, sino el acuerdo en puntos básicos y la mutua colaboración entre representantes de distintas culturas, basándose en momentos humanistas simétricos”.

Reconocemos a Europa como heredera de los aportes de múltiples pueblos y culturas que se han encontrado en este espacio común, y donde mezclándose e interactuando, han permitido avanzar y ampliar el horizonte del espíritu humano.

En esta Europa en donde humanistas de diferentes épocas, en la búsqueda que discutió lo establecido como verdad absoluta, abrieron la ruta del conocimiento, de la ciencia, de la belleza, de la pasión y la rebeldía.

El Centro de las Culturas de España trabajará para que esos momentos humanistas, sean la inspiración que nos ponga alas en el corazón y la convierta en un Destino.

MUNDIALIZACIÓN versus GLOBALIZACIÓN

En gran parte de nuestro planeta, la convivencia entre diferentes culturas es un hecho cotidiano.
Lo extraordinario de este momento histórico es que se trata de un momento de mundialización en donde todas las culturas se acercan y se influyen mutuamente, como nunca antes había sucedido.

Es importante distinguir entre este proceso de mundialización creciente y la globalización.
La tan mentada globalización no es sino otra cosa que el tradicional comportamiento que han impulsado los centros imperiales. Como ha sucedido reiteradamente en la historia, estos imperios se instalan, se desarrollan y hacen girar alrededor a otros pueblos tratando de imponer su lengua, sus costumbres, su vestimenta, su alimentación y todos sus códigos. Finalmente esas estructuras imperialistas terminan generando violencia y caos, producto de su ingenuo atropello y la confrontación cultural.

La globalización se presenta en general como un proceso acelerado de interacción económica entre países y culturas, montado sobre un gran aparato de tecnologías modernas de comunicación. Desde una perspectiva generalmente optimista, se dice que a través de la globalización, el progreso y la riqueza llegarán hasta los países más atrasados y que la calidad de vida aumentará en todas partes y para todos.

La globalización también es presentada como un proceso natural en el sentido que obedece a las leyes naturales de la economía de mercado. Sin embargo, ante los posibles resultados de tal proceso, surgen algunos temores de trasfondo, una suerte de ansiedad.

Estos temores parecen estar ligados a tres puntos:
a) El proceso se percibe demasiado grande, demasiado rápido y fuera del control de la ciudadanía;
b) Para el ciudadano promedio, la globalización implica abrir las puertas al mundo, y por lo tanto a los problemas del mundo, problemas que algunas veces son el resultado de largas y complicadas historias difíciles de entender. Al hacerse conscientes de estos problemas, la gente teme que se sentirán responsables de resolverlos;
c) El intercambio de objetos, personas e ideas crea una situación de confusión general en la cual se experimenta la pérdida de referencias tradicionales, es decir, la pérdida de lo que ellos llaman identidad cultural.

Todos sabemos que en este momento histórico existe la posibilidad técnica de proveer de alimento, vivienda, atención médica, educación y condiciones de vida dignas a toda la población del planeta.
La mundialización creciente camina en esta dirección. El Nuevo Humanismo recoge estas aspiraciones y las propone como el máximo exponente de la lucha por el desarrollo verdaderamente humano.

Si esto no ocurre es porque el proceso de globalización no está dirigido a resolver estos problemas, sino a aumentar el poder y la riqueza de unos pocos.

La crisis generada por la globalización no perdona a ningún país y a ninguna institución, por sólidos, potentes e invulnerables que hoy puedan parecer. No se trata de una crisis parcial, limitada a algunos sectores de la sociedad, tales como la política, la economía, el arte, la vida religiosa, la vida personal, sino que se trata de una crisis estructural y global que afecta a todos y a todo.

En síntesis, se presentan dos caminos posibles para elegir:

- La lucha destructiva entre las diferentes culturas por la hegemonía, con el ‘triunfo’ final de una de ellas y la consiguiente aparición de una nueva dimensión imperial uniforme y coercitiva a escala planetaria,

- La creación de una nueva Nación Humana Universal, en la cual las diferentes culturas, puedan coexistir, manteniendo su identidad y aportando cada una su propia experiencia y su propia contribución al bienestar común.

En este paisaje, nuestro proyecto de convergencia en la diversidad, nuestro afán de conectar lo desconectado, de unir rescatando como horizonte el proceso de evolución, de conectar la existencia con el sentido, de construir una nación humana universal con espacio y libertad para todos, nos impulsa como imagen trazadora hacia el futuro.

CULTURA, FUTURO Y MUNDIALIZACIÓN

Normalmente se cree que la identidad personal o cultural se refiere solamente al pasado, que es un reflejo de la acumulación histórica de experiencias vividas por una persona o una comunidad. Es como si capas de experiencias se fueran acumulando y depositando, y esto formara la identidad. Esta creencia se deriva de otra, mas general, de la pasividad de la conciencia humana, donde la conciencia es concebida como una suerte de espejo que simplemente refleja el mundo.

En realidad las cosas no son así. Si nos miramos a nosotros mismos, veremos que en los momentos más importantes de nuestras vidas, hacemos una correlación, una ligazón entre nuestras experiencias pasadas y la idea de un proyecto personal al futuro. Esta imagen del futuro–quien queremos ser–es una influencia continua en nuestras acciones en el presente. No solo somos lo que hemos hecho, o lo que se nos ha hecho; somos también nuestros proyectos, nuestros deseos, nuestras aspiraciones

La misma dinámica es aplicable a un pueblo, y en ese caso hablamos de identidad cultural. La identidad cultural no es simplemente la acumulación de ideas, costumbres, idiomas, formas de comer y vestirse que nos llegan de generaciones anteriores, sino que también es lo que la cultura elige hacer con estas cosas en un momento de su historia. Es el proyecto que se da a sí misma.

Podríamos decir que hablar de Cultura es hablar del despliegue de la intencionalidad del ser humano; de la acumulación de su experiencia social y personal; de su obra y del paisaje en que se forma, que a su vez él transforma. Este paisaje está constituido por objetos tangibles como el arte, la arquitectura, los modos de producción, etc. Y también por intangibles, como mitos, costumbres, códigos de relación, creencias, etc. Estos tipos de construcciones están íntimamente ligados a valores que dan dirección y sentido al quehacer individual y colectivo.

Pronto nos encontraremos codo a codo, cultura junto a cultura, mirando hacia delante por primera vez hacia un futuro común. Este futuro no le pertenece a ninguna cultura en particular, sino que debe ser un proyecto compartido que permita la inclusión de todos.
¿Qué traeremos juntos al tercer milenio? Cada cultura será llamada a reflexionar, a hacer un examen de su pasado e identificar qué cualidades, experiencias y tradiciones son las más valiosas para sí mismos y para otros en nuestro planeta y para nuestro futuro.

La cultura del Nuevo Humanismo se destaca por:
- el respeto a la diversidad, derechos, opiniones e intereses de los otros;
- por el rechazo a la violencia y a la explotación;
- por la intención de mantener relaciones armónicas con la naturaleza y la sociedad,
- por el afán de profundizar sus conocimientos y ampliar y perfeccionar sus habilidades.

El Nuevo Humanismo aspira a una Nación Humana Universal.
Esto no significa la uniformidad cultural.
Los humanistas aspiramos a una cultura que refleje las esperanzas y los sueños de la gente a través de la participación directa y de canales idóneos que permitan determinar el estilo de vida que quiere darse a sí misma.

Por último, toda expresión cultural que favorezca la ampliación de la conciencia humana y que aporte conocimientos y ayude a pensar de un modo nuevo, es un anhelo a satisfacer.

LA ACTITUD HUMANISTA

En todas las culturas, en su mejor momento de creatividad, la actitud humanista ha impregnado el ambiente social.

Estos momentos humanistas tienen indicadores muy precisos:

- El ser humano como valor y preocupación central;
- La afirmación de la igualdad de todos los seres humanos;
- El reconocimiento y la valoración de las diferencias personales y culturales;
- La tendencia al desarrollo del conocimiento más allá de lo aceptado como verdad absoluta;
- La afirmación de la libertad de ideas y creencias;
- El repudio a todos los tipos de violencia y de discriminación.

En este reconocimiento profundo del valor de todas las culturas, de la importancia de la diversidad para la evolución de la vida en nuestro planeta, se encuentra la clave para el diálogo.

Creemos que potenciar nuestra acción en esta dirección es un intento único en el momento actual en el que todo tiende a la diferenciación y puede constituir un puente entre los seres humanos cuando todos los puentes tienden a derrumbarse.

COMPROMISO Y FUTURO

El futuro no le pertenece a ninguna cultura en particular, sino que debe ser un proyecto compartido que permita la inclusión de todos.

El Centro de las Culturas considera las diferencias culturales como un valor y no como algo que deba ser marginado. La Nación Humana Universal será la expresión de la primera civilización planetaria de la historia, y surgirá desde el corazón de los seres humanos. Cada cultura contribuirá a esta civilización planetaria desde sus mejores experiencias, formando parte de un proyecto mayor e inclusivo.

Hoy es necesaria la formación de ámbitos donde se rescaten las ideas, las creencias y las actitudes humanistas de cada cultura que, mas allá de toda diferencia, se encuentran en el corazón de los diferentes pueblos e individuos.

El Centro de las Culturas se inspira en los aportes de las diferentes culturas, no solamente en aquellas que en un determinado momento ocupan el lugar central.

Por otro lado repudiamos toda forma de violencia física, económica, racial, religiosa, moral y psicológica y a toda forma que vacíe al ser humano y le convierta en mero objeto.

Reivindicamos la necesidad de luchar por un futuro justo y no-violento y nos rebelamos ante la tiranía de este sistema deshumanizante, que deja a millones de personas en la miseria social, moral y espiritual.

Reconocemos el fracaso de una civilización materialista y nos disponemos a construir una nueva civilización humana basada en el principio moral:
Trata a los demás como quieres que te traten a ti.

Nos comprometemos, hoy, tú y yo, nosotros, a llevar y expresar estas ideas a otros. Estas ideas, estas palabras, que son también un sentimiento. Un sentimiento que viene desde lo profundo y una sensibilidad que grita fuerte y rotundamente: queremos hoy, no mañana, un futuro verdaderamente humano para todos los habitantes de la Tierra.

Los integrantes del Centro de las Culturas no deseamos un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, en las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas, creencias y aspiraciones; múltiple en la inventiva y la creatividad.

El Centro de las Culturas aspira a trabajar en la construcción de la Nación Humana Universal con el aporte de todas las culturas.

 

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